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La Coctelera

LA ENFERMEDAD DE CROHN (I)

Porque nos negamos a su sometimiento.

1 Febrero 2012

UNA EXPERIENCIA PERSONAL CON RESULTADOS MUY POSITIVOS.

Creemos que es justo que, de algún modo, devolvamos el favor que hemos obtenido, de cuantos colaboran en la red de una manera absolutamente altruista, proporcionándonos conocimientos y orientación en los más diversos campos del conocimiento. Internet supuso una ayuda incuestionable y de un inmenso valor para permitirnos llegar a comprender la enfermedad que afectó a nuestros hijos y, de este modo,  aprender a luchar contra ella, asumir el real y verdadero alcance del daño que podía originar y así, sin paroxismos ni estridencias, con la relativamente sosegada perspectiva que otorga el conocimiento sobre un tema o materia de estudio, pudimos ir tomando decisiones que, al menos por el momento y aparentemente, han resultado acertadas.

Nuestro primer hijo en presentar los síntomas de la enfermedad de Crohn, los padeció de tal modo que resultó complejo llegar a semejante diagnóstico. Su pediatra (por entonces era un niño de 12 años), confundió sus síntomas de manera tan estrepitosa que, a la flagrante pérdida de peso y a los constantes dolores abdominales que sufría, llegó a diagnosticarle orígenes tan dispares como infección por un pendiente que tenía en una oreja (cuya zona no estaba afectada de modo alguno, a la vista), o como la falta de hierro por resistirse a comer con escusas de un supuesto dolor de estómago (“cosas de la edad por buscar un buen tipito para ligar”, según ella).

Nuestros hijos, jamás estuvieron obesos, pero siempre hicieron con normalidad tres comidas al día, con merienda a media tarde, siguiendo una dieta muy variada y rica en pescado, verduras y fruta. Siempre ha sido niños muy activos y aficionados a diversos deportes. Desde que nacieron, su salud y bienestar fue una prioridad para todos nosotros (incluyo a sus abuelos).
La situación alcanzó un estado tan crítico en la delgadez y en la frecuencia e intensidad de los dolores que, finalmente, pasando sobre la pediatra, nos dirigimos al servicio de urgencias del hospital donde nos plantamos con la firme convicción de no salir de él hasta que nos diagnosticasen adecuadamente la enfermedad del niño.

La primera impresión de los médicos, a raíz de los análisis inmediatos, fue de que se trataba de una posible, aunque improbable, pancreatitis.
Comenzaron a tratarla como tal pero, en el transcurso de las pruebas más en profundidad efectuadas ya en el hospital, concluyeron que, sin lugar a dudas, se trataba de la enfermedad de Crohn.
Nuestra desolación no podía ser más profunda. Hacía escaso tiempo que un amigo había fallecido como la consecuencia final de esa misma enfermedad, tras una vida de constantes visitas a los quirófanos.
Como tratamiento de choque propusieron mantenerlo solo con alimentación parenteral durante 16 días, para darle un descanso al sistema digestivo y la posibilidad de autorecuperación; al tiempo que, de este modo, le permitían al niño recobrar todos nutrientes que había estado perdiendo hasta entonces.

Para nosotros, el efecto en él fue tan gratificantemente como insólito. Los dolores remitieron, comenzó a recuperar peso y masa muscular y, hasta el día de hoy (8 años después) no ha vuelto a tener un brote de la enfermedad; y aunque, bajo permanente vigilancia médica (mínimo una revisión anual, en la actualidad), lleva una vida absolutamente normal.

Lo que hasta aquí hubiese sido una historia con final feliz, se vio truncada, casi al año exacto del alta hospitalaria, cuando nuestro otro hijo (mellizo del anterior) comienza con los mismos síntomas y de una manera mucho más agresiva si cabe.
Dolores abdominales casi permanentes, descenso de peso muy rápido y hasta el punto de iniciar la pérdida de masa muscular en un escasísimo período de tiempo, etc. Todo en un plazo de tiempo asombrosamente corto. El especialista que los atendía en aquel momento no salía de su estupor y además, si ya resultaba extraño ver dos casos consecutivos en una misma familia, el hecho de darse en mellizos, según él, era de libro.

En esta ocasión se descartó la opción de seguir el mismo procedimiento anterior y, tras probar fallidamente y durante largo tiempo con los tratamientos convencionales, como último recurso y antes de usar la cirugía, nos propusieron un tratamiento casi experimental, por lo innovador en Europa en aquel momento y por sus buenos resultados generales obtenidos hasta entonces.

El medicamento en cuestión era el Adalimumab, también conocido como Humira.
La propuesta inicial nos abría una esperanza no exenta de incógnitas. No a todo el mundo le ofrecía los mismos resultados; algo ya habitual en todos los tratamientos de esta enfermedad. Y aunque el medicamento ya hacía aproximadamente cinco años que venía aplicándose con relativo éxito en Estados Unidos, no lo teníamos del todo claro. Es la cara y la cruz de la exhaustiva información obtenida en internet.

De los datos extraídos de la red, quizá los más preocupantes eran que en Estados Unidos (sus creadores) no recomendaban su uso en menores de 18 años; nuestro hijo, en el momento de la propuesta, apenas contaba con 16. Otro motivo de seria preocupación era que, dada su relativa novedad en el mercado, no se contaba con experiencia alguna en cuanto a los resultados a medio y largo plazo y, en consecuencia, se desconocían los posibles efectos secundarios en el transcurso de los años.

Finalmente fue el deterioro cada vez más notable en la salud del niño y comprobar cómo se reducía su calidad de vida de manera escandalosa, lo que nos decantó. Aceptamos el planteamiento del doctor como el más racional. Su calidad de vida en el momento era claramente deplorable y las posibles secuelas negativas del medicamento todavía eran pura conjetura, mientras que sus consecuencias inmediatas favorables estaban a la vista. Cualquier posible daño colateral posterior, podría tratarse en el futuro con una medicina que avanza a pasos de gigante; en tanto que en el presente solo cabía arriesgar o ir sobre seguro usando el quirófano, con sus consecuencias irreversibles ya conocidas.

Consideramos que nuestro hijo merecía la alternativa que le ofreciese más posibilidades y, tras meditarlo casi a lo largo de un año, nos decantamos por el Humira.

Desde noviembre de 2009 a noviembre de 2011, siguió un tratamiento ininterrumpido, aún cuando a los pocos meses de su administración los resultados favorables ya eran clamorosamente patentes.

Hoy, a primeros de febrero de 2012, continúa llevando una vida normal, alimentándose sin seguir ningún tipo de dieta estricta (solo tratando de comer de manera variada y saludable, como siempre hizo desde su nacimiento) y mantiene un aspecto claramente saludable y en un peso absolutamente adecuado para su estatura, edad y constitución.

Hasta la fecha, ambos han logrado eludir los quirófanos como solución a la enfermedad de Crohn.

Con este artículo no pretendemos, en absoluto, promocionar ni alabar las bondades de un tratamiento ni de un medicamento en concreto. Tan solo tratamos de aportar nuestras experiencias, claramente dispares en ambos casos, como resultados positivos en diferentes tratamientos y actitudes médicas.

Desde aquí, queremos transmitir nuestro más sincero y profundo agradecimiento al doctor D. José Ignacio García Burriel (Gastroenterólogo Pediátrico) y al doctor Santos Pereira Bueno (Especialista de Área. Servicio de Aparato Digestivo), ambos del Hospital Xeral de Vigo (Pontevedra - Spain), por el interés personal y el más que correcto asesoramiento en cada caso; así como al personal de enfermería y médicos que colaboraron ofreciéndonos siempre un trato humano, cálido y amable.

También queremos hacer patente nuestro reconocimiento a un sistema de Seguridad Social, el español,  sin el cual, nuestra capacidad económica no nos hubiese permitido, jamás, afrontar los tratamientos necesarios para atender a nuestros hijos y darles la oportunidad de un futuro más amable y prometedor.

Vaya esto con la esperanza de que nuestra clase política (independientemente de su signo o ideología) medite con el suficiente sentido de la responsabilidad, cada una de las medidas de cambio que pretenda adoptar, especialmente en unos tiempos de recortes económicos y de prestaciones sociales. Como usuarios agradecidos que solo rogamos mesura y sentido común a largo plazo; no solo con la mirada puesta en el voto inmediato.

P.D.- Más información sobre el HUMIRA:

www.vademecum.es

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

José Luis Jueguen Vilas

José Luis Jueguen Vilas dijo

Me siento totalmente identificado con vuestro desasosiego e inquietud por el padecimiento de la insidiosa enfermedad de Crohn en vuestros hijos, ya que mi hija fué diagnosticada de dicha enfermedad a los 9 años, y a día de hoy y 9 años después, arrastra todo el peso, el deterioro y las secuelas derivadas de tal horrible padecimiento, con la salvedad de que ningún tratamiento de los probados ha sido lo suficientemente eficaz para hacer remitir la sintomatología del crohn. Ni “Inmunodepresores, Infliximab, Adalimumab, Certolizumab, Metotrexate, Ciclofosfamida, Tacrólimus y más recientemente Ustekinumab”, aparte de 3 resecciones intestinales, han surtido el efecto esperado. Imaginaos sufrir un brote severo continuo durante más de 9 años, con el deterioro físico y anímico subyacente en mi hija y el resto de la familia. De todos modos me alegro que sí encontraseis solución al padecimiento de vuestros mellizos y deseo transmitiros ánimos. Lo que sí quiero ratificar es mi eterna gratitud por doctor D. José Ignacio García Burriel, que fue el pediatra que llevó a mi hija desde sus inicios hasta que cumplió los 16 años. No ya solo por su contrastada valía profesional, sino por su tremenda humanidad, su exquisito trato, su disponibilidad total y permanente y sobre todo por saber transmitirnos siempre esa dosis de esperanza que todos, pacientes y padres, necesitamos en momentos críticos.

4 Febrero 2012 | 01:47 PM

crohn

crohn dijo

Gracias, José Luís, por tus deseos. Lamentamos profundamente que tu hija no consiga encontrarse con el tratamiento que someta a la maldita enfermedad.
Somos conocedores del sufrimiento que para ella supone y lo duro que resulta el día a día, así como lo desgarrador que resulta para sus padres y la terrible sensación de impotencia con la que se vive permanentemente.
Pero no desesperéis, la enfermedad cada vez es menos rara y esto, aunque es una auténtica desgracia porque cada vez afecta a más personas, conlleva que se nos preste más atención por parte de los investigadores médicos y, especialmente, por las multinacionales farmacéuticas. De pronto comenzamos a ser un grupo suficientemente numeroso como para que "merezca la pena" invertir en investigación.
Si nada de la medicina convencional actual da resultado, os animo a que indaguéis en profundidad en el ámbito de de la alimientación según los grupos sanguíneos (ver nuestro artículo LOS GRUPOS SANGUÍNEOS Y LA ALIMENTACIÓN); no se trata de ninguna falacia, curanderismo ni nada parecido.
Hemos conocido a unas personas que han aplicado de manera muy eficaz, sobre su hija enferma de fibromialgia, los principios en los que se sustenta. Los resultados han sido tan asombrosos que, incluso, se animaron a escribir un libro a partir de su experiencia:

http://www.manualdefibromialgia.com/ebooks-maribel-ortells/

La proximidad entre la fibromialgia y la enfermedad de Crohn ya es sobradamente conocida, de ahí mi sugerencia.
Por otra parte, no descartes hablar con su médico sobre la nueva técnica que ya se está llevando a cabo con muy buenos resultados; la aplicación del Infliximab de manera local y focalizado exclusivamente sobre la zona herida.
Siento muchísimo no poder ofrecerte una ayuda más eficaz, pero confío en que vuestra lucha, que seguro será muy dura y tenaz, os lleve a encontrar el medio para ayudar a vuestra niña. Ánimo y sed más obstinados que la enfermedad.
Para cualquier cosa, aquí nos tenéis. Por favor, informadnos sobre como evoluciona todo. Nuestras experiencias pueden ayudar a otros.
Gracias por compartir y un abrazo.

6 Febrero 2012 | 01:52 PM

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“Premiados”, por partida doble, con la enfermedad de Crohn, pues nuestros dos únicos hijos (gemelos) padecen la enfermedad; nos resistimos a su sometimiento y nos revelamos contra ella con todas nuestras fuerzas. Aceptamos y agradecemos cualquier sugerencia, comentario, opinión o información bien intencionada y dirigida a mejorar la calidad de vida de quienes sufren esta enfermedad, desde este blog o en su blog aociado: LA ENFERMEDAD DE CROHN (II), glosario de términos, en www.espacioblog.com/crohn Este espacio únicamente pretende ser informativo, divulgativo y de opinión; y en ningún caso sustituir al criterio médico cualificado, ni sugerir o proporcionar terapias de ningún tipo.

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